Por: Joalberths De Agrela
Venezuela

Joal

Dice un mito que alguna vez los andróginos fuimos dos razas unidas por Amor, el dios más viejo; unos llamados machos y otros nombrados hembras, así justifican que en los países hispánicos seamos llamados machihembras. Las dos razas tenían los rostros del lado del pecho y los órganos de producción debajo de éste; las hembras o mujeres según versiones de obras literarias llevaban hilos finos que salían de sus cabezas cruzando sus espaldas delicadas; los machos u hombres no tenían cabello ninguno sobre sus frentes, sino que el pelo les cubría todo el cuerpo como pasto o hierba. Los andróginos caminamos sobre cuatro piernas y cuatro brazos, esa ventaja sobre todos los demás animales del mundo nos ha hecho gobernar la tierra como las águilas gobiernan el cielo y los tiburones gobiernan los mares; mas esa fortaleza, dice el mito, no existía en los dos grupos que nos conforman, éstos caminaban erguidos sobre sólo dos piernas siendo obligados por la naturaleza de su raza a ser crueles e inventar armas asesinas de todo bien.

Se cuenta que los machos y las hembras estaban destinados a buscarse el uno al otro. A veces un macho buscaba a otro macho, o una hembra a otra hembra; pero en conclusión debían buscarse, aunque sólo un macho junto a una hembra podía dar luz a un nuevo ser. El dios Amor desde el Olimpo, su hogar, nos miraba con tristeza; al parecer la unión de los dos órganos productivos que hoy tenemos generaba dentro de los cuerpos una droga del placer eterno que causaba una especie de corriente eléctrica creadora de suspiros y risas. Amor viendo tal deseo de unión que sólo se daba durante las noches se enterneció, más aún cuando supo de la boca del divino Hermes que dicho ritual perfecto llevaba su nombre: los machos y las hembras durante las noches hacían el amor. Entonces se le pidió rápido al Febo Apolo que con una de sus flechas de fuego usada como aguja cociera los dos cuerpos como un par de muñecos; así nacimos, dice la leyenda.

Hoy desde el Olimpo ha llegado un mensaje a la famosa Sibila de Cumas. Dicen las lenguas que dentro de siete días el dios Amor será derrocado del mundo por un malvado dueño del rayo y del trueno; este dios malsano nos partirá en dos con su rayo, luego pedirá al mismo Apolo, el que nos ha unido, que cure la herida de nuestros cuerpos y cambie nuestros órganos productivos de sitio para que volvamos al origen, para que volvamos a buscarnos, para que aprendamos lo vitales que somos nosotros para nosotros. Antes del

cumplimiento de esta terrible profecía sólo nos queda esperar nuestro destino. Sin embargo un filósofo, alumno de Platón, ha dado solución a la tristeza; la ha llamado matrimonio y será un pacto de sangre que creará un hilo rojo que nos unirá hasta la muerte y así para siempre seremos uno, aunque no.

Revista Sinapsis. 
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