Por: Kent Figueroa Perales
Perú

Kent

Un café y un cigarrillo hablan de mí y de ti. Dialogan de nuestro encuentro y nuestro fin. 

Café: Y yo que creí que nunca acabarían de conversar; que no se cansarían de contarse las mismas historias, que no se aburrirían de ellos mismos.

Cigarrillo: Que no terminarían de consumirme escuchando sus melodías. Sí, te entiendo, amigo mío. Hemos presenciado el finito del amor.

Café: Tantas promesas propuestas y ninguna ha llegado a cumplirse. 

Cigarrillo: Déjalos, déjalos que se arrepientan de sus acciones. 

Café: Creo que él se arrepiente más.

Cigarrillo: ¿También lo has notado?

Café: Por supuesto, me bebe indiscriminadamente, y llora como un niño sin madre exclamando que no quiere dormir por temor a soñarla.

 Cigarrillo: Yo ya no siento el sabor que ella le dejaba en la boca. Cuando él me fuma, sólo siento aspereza y soledad. Lo veo mientras me acabo. Y acompañado de algunas canciones, lo noto triste y pensante. La idiotez lo está dominando.

Café: ¿Cómo fue que antes acompañábamos a dos y ahora sólo a uno? 

Cigarrillo: Qué respuesta vas a dar, si ya conocemos que el problema fue mutuo. Ella no era para él, y terminó superándolo; él se dio cuenta que ella era la indicada, y ahora paga con tristeza.

Café: Te estás acabando amigo mío.

Cigarrillo: Al igual que sus sentimientos.

Luna: Perdonen mi intervención, caballeros. Sólo quería decir que ella lo llora cada noche. Que la veo desde mi lejanía preguntándose si él volverá. 

Cigarrillo: Y nosotros que creímos que ella lo repudiaba. Vea amigo café, como el temor los vence.

Café: Él es un idiota que teme buscarla por ser rechazado y ella una tonta que piensa igual.

Luna: Recuerdo que antes de que se conocieran, ellos me pedían mediante deseos encontrarse el uno al otro. Yo cumplí esa promesa.  Ahora, están tan ciegos por el miedo, que ambos creen que se han olvidado.

Cigarrillo: Estoy llegando a la colilla, renaceré cuando me vuelva a encender, y continuaremos nuestra plática compañeros.

Café: Yo debo esperar, ya estoy frío. Me quedaré mirándolo dormir con el rostro sucio por su llanto, y al despertar desapareceré. 

El cigarrillo se hizo cenizas, la luna se fue sin avisar y el café se quedó esperándome despertar.

Revista Sinapsis. 
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